
Salud planetaria
Desde sus orígenes, el planeta nos ha regalado con un espacio vital que nos ha servido para habitar y alimentarnos. Si bien hemos hecho avances tecnológicos muy importantes, lo cierto es que no hemos sabido mantener una relación respetuosa hacia la naturaleza que nos rodea. Cada día se ha hecho más notoria la depredación que hemos hecho de los recursos naturales, afectando no sólo nuestra propia existencia, sino la de otras especies.
México es la cuarta nación con mayor biodiversidad en el mundo, determinada por su inmensa riqueza natural, lo que encierra un enorme sustento cultural y evolutivo . Contamos con un legado biológico y humano que hay que cuidar. Entre los factores que determinan nuestra capacidad como sociedad para detener la destrucción del medio ambiente, la actividad económica del campo y por ende, la producción orgánica, juegan un papel crítico.
La práctica de métodos de bajo o nulo impacto ambiental y, en algunos casos, de influencia positiva, como los usados en la producción orgánica, favorece la restitución y conservación de la biodiversidad. Por regla general, la producción orgánica promueve el rescate de variedades criollas de distintos cultivos, evitando en todo momento el uso de cultivos transgénicos y prácticas agrícolas que dañen o erosionen la tierra. Se suma a esto la prohibición del uso de pesticidas químicos que por décadas han dañado no sólo la tierra y las cosechas, sino a diversas especies animales que han tenido que emigrar o que incluso han desaparecido. El consumo de productos orgánicos pues, contribuye al crecimiento de prácticas biológicamente benéficas, favoreciendo la reconstitución de los ecosistemas.
En Aires de Campo nos enorgullece saber que en nuestro esfuerzo por fomentar el consumo de productos orgánicos, hemos logrado favorecer tanto el desarrollo económico de personas y comunidades de agricultores y productores, como a nuestro planeta. Un ejemplo de esto es el de de la Chontalpa Tabasqueña en donde las aves de la región, que habían desaparecido a causa de fungicidas químicos (cuando “polveaban” los cultivos), han regresado a la región a partir de la práctica orgánica en los cultivos de cacao.
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