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Sin duda, uno de los rasgos culturales más importantes
del nuevo milenio es el despertar de la conciencia colectiva;
un proceso que,
aunque gradual, es notorio. Entre otras cosas, ser conscientes
de lo que consumimos significa tener la libertad y la responsabilidad
de tomar nuestras propias decisiones, conociendo bien las opciones.
Cuando estas decisiones se refieren a lo que comemos, un factor
tan crítico para nuestra salud y la de nuestra familia,
nos parece que esa libertad de decidir y seleccionar es básica.
Sin embargo, la verdad es que conocemos muy poco acerca de lo
que comemos. Mientras que las cuestiones de nutrición
general parecen ser claras, los orígenes, procesos y
contenidos no videntes escapan a este análisis superficial.
En otras palabras, no
tenemos visibilidad de todas las facetas de los productos que
hay en el mercado y algunas de ellas son críticas. Nuestras
decisiones de compra tienen consecuencias directas y determinantes
en, cuando menos, tres grandes campos: nuestra salud, la economía
del campo y el medio ambiente. A estos tres aspectos los llamamos
los Ejes del Consumo Consciente.
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